miércoles, 29 de enero de 2014

La Hija de la Sombra

Me han contado que te han visto 
De calle en calle vagar
Con la luna en las pupilas 
Y un torpe caminar.

-como sí todo el licor del mundo te pudiese curar, el corazón en pedacitos que llevas en ti-

Muchos dicen que es mi culpa 
Que te he dejado así
Como sí mis besos pudieran,
Pudieran, ¡oh! herir.

Muchos dicen que con mis manos
Hice surcos en tus brazos,
¡Óyelos, pues!
Como sí mis caricias pudieran 
-en sus propias fuerzas-
Marcar a una persona así.

“La culpa no puede ser mía”
Les he dicho ya a todos
Pues el cariño JAMÁS ha de herir a un caballero.

Más ante mi asombro,
La multitud calló,
Y el que ha respondido entonces,
Ha sido vos.

“No hiere el cariño cuando se da de veras.
Cuando es sólo cariño lo que se pide doncella;
Más mata el cariño -y mata sin pena-
Cuando amas a quien no te ama, princesa”

“Pero esto nunca fue amor”
Dije en desesperación 
-¿Cómo en aquel cuerpo cabía tal dolor?-

“No, princesa nunca fue amor.
Tu nunca me amaste, eso bien lo se yo”

“Pues por qué venís y hablas de amar
Si sabes bien que nunca fue así
Que nunca lo pudimos sentir”
Dije sin saber que la respuesta me congelaría el ser.

“Que egoísta eres” dijiste al sonreír 
“Nunca pensaste que te ame, que te amo aún aquí”.
Y sólo aquí comprendí 
Que en mi ignorancia te mate, te herí.

Porque yo nunca te quise, ni te vi así 
Porque aún hoy no te quiero para mi.



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